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(DG) SESION DE EJERCICIOS INOLVIDABLE

Escrita por: Eduardo
Ilustrada por: Eduardo

(96 ilustraciones)
(En Español - Traductor online habilitado)


 1. Mario y Diego eran grandes amigos, como hermanos. Ambos estaban en muy buen estado físico y durante toda su vida habían estado juntos, estudiado juntos, hecho gimnasia juntos, salido con sus novias juntos, etc. Eran muy parecidos uno con el otro, sólo se diferenciaban porque el cabello de Mario era más claro que el de Diego y su cuerpo estaba cubierta por una gruesa capa de vello corporal.

2. Desde siempre, ambos jugaban en los mismos equipos de fútbol, de natación y de tantos otros deportes. Aún habiendo llegado a la adultez, continuaban entrenando, corriendo, andando en bicicleta, levantando pesas, algunas amistosas sesiones de lucha libre, yendo al club de deportes y natación… siempre juntos.

3. Ambos se habían casado y, por fuerza del destino, vivían muy cerca; de hecho, sus casas se comunicaban por las azoteas.
No trabajaban en la misma Empresa pero, luego del horario de trabajo, por lo menos una o dos veces a la semana se encontraban para hacer sus ejercicios en un pequeño cuarto que Mario había acondicionado para esos efectos en el último piso de su casa.

 4. En más de una oportunidad, Diego había cruzado a la azotea de su amigo y, viendo que éste estaba realizando sus ejercicios, se sentaba en uno de los bancos, solamente para deleitarse viendo sus músculos flexionándose, deseando poder acariciarlos y sentir su firmeza.

5. Por su parte, Mario disfrutaba enormemente cada vez que tenía la oportunidad de espiar a su amigo  a quien le gustaba tomar sol en la azotea (normalmente en ropa interior), mientras aguardaba por el deseado encuentro semanal y, al mismo tiempo, ayudar a conservar el perfecto bronceado que lucía en su piel.

6. Ambos habían conseguido mantener sus cuerpos en muy buena forma exhibiendo una presencia muchísimo mejor que otros amigos y compañeros de edades similares.
Cuando hacían los ejercicios en el gimnasio de la casa de Mario, acostumbraban a usar solamente un pantaloncillo o una bermuda y, casi siempre, sin camisa.


7. Durante sus prácticas, uno ayudaba al otro con las barras y pesas y lo vigilaba para evitar cualquier accidente, mientras que, secretamente, aprovechaban para dar una ojeada al cuerpo y músculos del otro no pudiendo evitar notar las formas de sus entrepiernas debajo de sus ligeras vestimentas.


8. Cuando salían a hacer algún ejercicio como correr o andar en bicicleta o simplemente caminar, al retornar se reunían en la casa de uno o de otro; en la casa de Diego si querían mirar una película o solamente beber y charlar, o en la casa de Mario si aún querían completar sus ejercicios o levantar pesas.

9. Cuando practicaban lucha libre, alternativamente uno aplicaba una llave al otro y el que eventualmente estaba en desventaja, demoraba en darse por vencido para poder sentir por más tiempo la proximidad y el roce del cuerpo del otro, y, por qué no, prestar atención al crecimiento de sus miembros a través de la fina tela de sus vestimentas.

10. En más de una oportunidad debían quedarse tendidos sobre la colchoneta por un tiempo bastante prolongado para recuperar las energías y hasta que las respectivas erecciones bajasen que, a pesar de ser muy notorias, ninguno se animaba a hacer cualquier comentario al respecto.

11. Un día, mientras estaban luchando, Diego de repente se quejó y se agarró su muslo frente a un repentino dolor. Inmediatamente Mario se inclinó sobre su amigo para ver si podía ayudarlo de alguna forma.
“Disculpame, qué te hice? Estás muy dolorido? Dónde te duele?” preguntaba Mario con muestras de preocupación.

12. Luego de pedir disculpas una y otra vez y ver que el rostro de Diego se relajaba, quedó más tranquilizado.
“No es mucho; duele, pero no muero de ésto” le respondió Diego.
“Qué puedo hacer para que te sientas mejor?” preguntó Mario.

13. Diego sabía muy bien lo que le gustaría que su amigo le hiciese, pero no tuvo el coraje de decírselo ni de insinuarlo.
“Realmente no lo sé, pero cualquier cosa que intentes con toda seguridad me va a hacer sentir mejor, porque el dolor es intenso” respondió Diego mientras se sostenía la pierna y arrugaba las facciones de su rostro de forma teatral.

14. Mario le sugirió, “Relájate un poco que voy a aplicarte algunas técnicas de masaje que te van a hacer sentir mejor”.
Inmediatamente después, se puso a detectar dónde el dolor era más intenso, pasando su mano sobre el muslo y la pantorrilla de Diego al tiempo que identificó que parecía haber sido provocado por un calambre.

15. Mario recordó que la mejor forma de aliviar el calambre sería estirar el músculo comprometido hasta que recobrarse su elasticidad.
“Trata de subir y bajar los dedos del pie para ver si mejora” le dijo Mario.
Su amigo le obedeció pero a pesar que Mario lo ayudaba, aparentemente, no estaba dando buenos resultados.

16. Entonces, Mario lo ayudó a incorporarse y ponerse en pie
“Trata de caminar sobre los talones” le sugirió Mario, “la expansión y contracción de los músculos masajearán el músculo de la pantorrilla y la circulación sanguínea hacia ellos aumentará. La mala circulación sanguínea impide que los músculos reciban oxígeno, lo cual podría ser el origen de los calambres”.
“De acuerdo, “ respondió Diego, “pero vas a tener que ayudarme porque solo, no puedo mantenerme en pie”.

17. Mario ayudó a que Diego se levantase y, posicionándose a sus espaldas, lo rodeó con un brazo por su cintura y el otro sujetando su pecho.
Ambos cuerpos se aproximaron mucho y era casi inevitable que el miembro de Mario rozase el trasero de su amigo. Mientras los movimientos de Diego por mantener el equilibrio, hacían que aumentase el contacto entre ambos cuerpos.
Como, aparentemente, el dolor no cedía, Mario lo ayudó a que se recostase nuevamente sobre la colchoneta.

18. “Recuéstate nuevamente que volveré a masajearte hasta que te calmes.”
Diego lo hizo, ayudado por su amigo quien le pidió que pusiese la pierna afectada sobre la suya mientras se sentaba sobre la colchoneta y doblaba su pierna para darle suficiente apoyo. Empezó a aplicar una presión más firme o intensa dependiendo de la reacción de Diego.

19. Mientras Mario hacía los masajes, su mano recorría la pierna de su amigo y éste comenzó a reaccionar favorablemente.
El rostro de Diego se relajó y su respiración volvió a lo normal. A pesar de ello Diego dijo “Me siento un poco mejor, pero continúa un poco más con lo que estas haciendo que me hace sentir muy bien.”
Mario continuó con agrado, no solamente porque vio que había conseguido parar con el sufrimiento de Diego sino, principalmente, por estar acariciando el cuerpo de su amigo dándole un anhelado placer que había estado esperando por mucho tiempo.

20. Por varios minutos más los masajes continuaron. En varias oportunidades, la mano de Mario, que recorría el muslo de Diego en todo sentido, llegó a tocar la entrepierna de su amigo, provocándoles a ambos una imprevista, aunque deseada, electricidad interna. A medida que el dolor disminuía se hacía evidente que ambas entrepiernas estaban aumentando de tamaño.

21. Cuando Diego se dio cuenta de que los masajes de su amigo lo estaban excitando, decidió no arriesgar su amistad  y le pidió “Ta, ya está bien, puedes parar por ahí porque ya me siento muuuy bien, demasiado bien”. Ambos se miraron a los ojos y, se dieron cuenta que los dos querían que eso continuase y avanzase pero no debían poner en juego la maravillosa relación que había entre ellos.

22. “Te ayudo a levantarte.” dijo Diego mientras lo acompañaba a ponerse en pie dándole apoyo mientras intentaba dar los primeros pasos, posicionándose por detrás y cruzando un brazo sobre su firme pecho y una mano apoyada sobre el muslo afectado.
Ambos se dieron cuenta que el miembro de Mario estaba rígido y se podía sentir claramente, apoyado sobre el trasero de Diego. 

23. “Estás bien ahora?” preguntó Mario.
“Hmmm…!” fue la única manifestación de Diego moviendo su cabeza afirmativamente.
Ninguno de los dos comentó más nada y apreciaron el momento como uno de los mejores que había sucedido en mucho, mucho tiempo entre los dos.

24. Conversaron y bromearon por un buen rato pero nadie habló al respecto de lo que recién había sucedido, ni hizo ninguna mención excepto algún comentario de agradecimiento de Diego por la ayuda que le había prestado en un momento tan doloroso.
“No sabés cómo te agradezco que me hayas socorrido. Tu procedimiento funcionó de maravillas. No creo que haya mejor tratamiento” bromeó Diego.
“Me alegro mucho que te haya hecho sentir mejor. Siempre que lo precises, voy a estar muy, muuuy cerca” respondió Mario.
“Exacto, eso mismo es lo que más me gustó” comentó Diego con una guiñada.

25. “Probablemente, en el futuro lo volverás a necesitar nuevamente, dado que lo que te sucedió fue una clara demostración que los años están pasando.” observó Mario.
“Seguimos?” preguntó Diego.
“Por hoy no más ejercicios, ok? A tu edad, mejor no exigir al organismo. Continuamos otro día.”, dijo Mario.
Ambos rieron y subrayaron el hecho de cómo se sentía que estuviesen tan cerca, Diego pasando su mano sobre su glúteo y Mario sonrojándose levemente.

26. Los días pasaron y unas semanas después, habían salido a correr pero tuvieron que retornar repentinamente porque se descargó una lluvia intensa que no les permitiría continuar.
“Mejor que viniéramos para mi casa ya que mi mujer está viajando y tendremos más libertad de hacer ruido y reírnos sin que nadie nos reclame. También podríamos hacer pesas, barras o lucha libre, lo que quieras. Qué te parece?” dijo Mario.

27. “Me parece mejor que primero voy a mi casa para tomar una ducha y después vuelvo”, respondió Diego.
“No-o-o, ahí vas a demorar mucho…. Lo de tomar una ducha me parece muy bien porque estás embarrado hasta los pelos …. y además estás con un olor insoportable”, comentó Mario haciendo una mueca exagerada.

28. “Como si fuera muy diferente de tu olorcito, por si no te diste cuenta”, retrucó Diego.
Ambos rieron y dijeron al unísono: “Pobres de nuestras mujeres que nos tienen que aguantar!”
Diego continuó: “De acuerdo, pero no sabía que vendríamos para tu casa y no traje ninguna ropa para cambiarme después que quede limpito y con olorcito lindo, como a vos te gusta...”.

29. Mario sonrió y le dijo “No te preocupes, te presto alguna ropa mía mientras pongo a secar la tuya y en un rato ya estará seca.”.
Diego se rió y comentó “Me parece que tus ropas me van a quedar bailando porque sos bastante más grande que yo...”
“No te preocupes, todavía tengo algunas de cuando yo era más flaco”, le respondió Mario, y continuó, “… y si algo no te entra, me llamas y yo te ayudo a que te entre” guiñándole un ojo.
“Ok, trato hecho”, respondió Diego y ambos rieron mientras caminaban hacia el baño.

30. Diego se dirigió a la ducha y comenzó a bañarse mientras Mario se fue a su dormitorio para buscar algunas ropas para su amigo. Al volver Mario, le dejó  la ropa cuidadosamente seleccionada
“Te dejo aquí arriba algunas ropas que encontré”, comentó Mario sabiendo que había elegido las prendas más chicas que aún tenía.

31. Mario no salió del baño mientras Diego finalizaba de tomar su ducha para observar su cuerpo y permitirse imaginar lo bueno que sería que algún día pudiesen tomar baño juntos. Cuando Diego terminó, Mario le ofreció una toalla limpia.
Diego procedió a secarse mientras Mario no podía quitarle los ojos de encima.
“Mientras te secas, yo voy a ducharme para que después no me reclames que estoy oliendo mal.” dijo Mario y ambos sonrieron.

32. Diego terminó de secarse y comenzó a vestirse mientras Mario continuaba con su baño. Con bastante esfuerzo consiguió ponerse el boxer que le había traído su amigo y comentó “Mal pude ponerme la ropa interior que me trajiste… parezco una salchicha encogida” comentó Diego.

33. “A ver!” comentó Mario dando por terminada su ducha, “… no me parece nada mal. Al contrario, me parece que la llenas muy bien”, recalcando en la palabra “llenas!”
“Si no estuviese en tu casa, te daría una paliza que te acordarías por el resto de tu vida, para que aprendas a no burlarte de los amigos...”, respondió Diego.

34. Diego, con gran esfuerzo, consiguió meterse dentro de las bermudas que su amigo le había conseguido.
“Lo ves? Ni precisaste de mi ayuda” dijo Mario.
“No quise molestarte, pero solo yo se cuanto trabajo me dio entrar aquí” respondió Diego.
Mario observó a su amigo mientras se secaba y sintió una fuerte atracción por él, como no la había sentido antes.

35. Diego tampoco se retiró del baño mientras Mario se puso un ajustado slip y luego de acomodárselo se exhibía ostentosamente.
“Te das cuenta, así es como debe quedar…” comentó Mario mientras sonreía.
Diego no respondió porque tenía temor que se le escapase algún comentario inapropiado y porque no podía quitar los ojos de las formas de su amigo, almacenándolas en su memoria para conservarlas indefinidamente.

36. Mario  finalizó de vestir su shorts que, aunque era adecuado a su medida, lucía tan ajustado como el de su amigo.
“Que te parece ahora, estoy como para desafiarte a una nueva jornada de ejercicios?”, preguntó Mario.
“Estás presentable” comentó Diego, aunque por su mente viajaban miles de halagos y alabanzas que si abriese la boca, descubrirían sus más profundos deseos por el cuerpo de su amigo.

37. Una vez prontos, ambos se encaminaron  a la sala de ejercicios.
Al subir la escalera, Diego iba adelante y Mario unos pocos escalones más atrás, aprovechando para admirar el ajustado trasero de su amigo.
De vez en cuando, Mario le daba unos pequeños puñetazos en la nalga porque no podía aguantar más de estar viendo esa tentadora imagen sin poder tocarla.

38. Al llegar a la sala, comenzaron a realizar algunos ejercicios de calentamiento, al principio sin ayuda extra y posteriormente utilizando las mancuernas y pesas. A veces en pie, otras veces sentados en bancos o en el piso, ambos se estudiaban y acompañaban mutuamente.

39. De  momentos hacían los ejercicios de calentamiento de forma individual mientras que en otros momentos, los practicaban de forma conjunta. El aire de la pequeña habitación comenzó a poblarse con agradables aromas de transpiración fresca sobre cuerpos recién higienizados.

40. Luego de un tiempo, Diego tomó una barra y le agregó unas cuantas pesas.
“A ver si puedes con ésto!” desafió Diego a su amigo.
“Eso? eso es pan comido, para mi” respondió Mario y en un rápido movimiento se agachó y la levantó hasta la altura de sus hombros mientras su amigo lo acompañaba y observaba desde muy cerca.

41. Con muy poco esfuerzo Mario estiró sus fuertes brazos haciendo que la barra con las pesas sobrepasase la altura de su cabeza.
“Voy a tener que atarme las manos...” comentó Diego con una pícara sonrisa “ … para evitar hacerte cosquillas en este momento”, sabiendo que su amigo era muy sensible a las cosquillas.
“Más vale ni lo intentes porque sería lo último que harías en tu triste y aburrida vida y lo primero que yo haría sería tirarte las pesas sobre tu grandísimo estúpido pie y luego sobre tu inútil cabezota.” respondió Mario entre risas.

42. Continuaron con varios ejercicios por un buen rato y en determinado momento que Mario estaba haciendo paro de manos o alguna de esas poses imposibles que le gusta probar, una de sus manos resbaló y cayó al piso haciendo un gran estruendo y manifestándose con quejidos de dolor.
Inmediatamente Diego vino a su encuentro y mostró su preocupación acribillándolo con preguntas, “Qué te pasó? Cómo estás? Dónde te golpeaste? Dónde te duele?”

43. Mientras Mario trataba de incorporarse ayudado por su amigo, sintió que un agudo dolor le recorría la espalda.
“Ouch! Sólo es un tirón en un músculo o algo así.” respondió Mario y se sentó en uno de los bancos de práctica pasando su mano sobre la espalda.
Diego se acercó y mirando dónde su amigo se estaba masajeando, le dijo 

44. “Acostate sobre el banco que yo te voy a hacer algunas fricciones como vos me hiciste el otro día que me hizo sentir muy bien. Probablemente no es nada serio, sino solamente un tirón muscular y un poco de masaje te va a hacer sentir mejor.”
Mario miró a Diego y pensó para sí mismo, “Si, un poco de fricciones me harían muy bien, especialmente si fuera el correcto tipo de fricciones que me gustaría recibir!”
Diego se sentó a un costado y comenzó con los masajes.

45. Como Mario estaba un poco transpirado las manos de Diego se deslizaban fácilmente sobre la espalda de su amigo, desde la mitad de la misma hasta el borde de los shorts que estaba usando.
“El dolor se extiende hasta más abajo?” preguntó Diego.
Mario respondió entre quejidos “Parece como que va desde la mitad de mi espalda hasta mi muslo.”

46. “Bien, entonces, te voy a quitar tus shorts para poder llegar más en contacto hasta el músculo y me dejas que yo tome cuenta de él” agregó Diego.
Mario levantó sus caderas y mientras se quejaba dijo “Bien, todo bien … entanto que no te aproveches de mi...”.
“Que más quisieras.!”, respondió Diego.

47. Diego rió y tironeó de los shorts de su amigo bajándolos por sus piernas y, finalmente, quitándoselo, dejando a Mario vestido solamente con su pequeño y fino slip mostrando su trasero bien redondo y tentador.
Diego rió nuevamente y dijo, “Recuerdas cuando eramos chicos e íbamos al sótano
de la casa de tus padres con Jorge y Rafael y jugábamos unos con otros?” y no pudiendo resistir la tentación, le dio una leve palmada al trasero de su amigo.

48. Su miembro se movió dentro de su bermuda recordando esos tiempos.
Mario también tuvo que ajustar su posición en el banco por la misma razón y respondió, “Siiii! Cómo olvidarlo! Esos eran muy buenos tiempos.”
Diego no estaba seguro que ésta contestación fuera una sutil invitación, o no; lo dejó pasar aunque su pensamiento se quedó con esa espina.

49. Continuó con el masaje arrastrando sus manos por la espalda de su amigo y gradualmente bajándolas hasta su trasero.
Mario comentó, “Me parece que está funcionando, podrías aplicar más fuerza, por favor?”
El rostro de Diego se encendió y vio su oportunidad respondiendo, “Esta posición no me es muy favorable. Si quieres, podría intentar subirme sobre tus piernas. Avísame si soportas mi peso.”
 
50. Sin esperar una respuesta, Diego se incorporó y abriendo sus piernas trató de pasar sobre el cuerpo de su amigó extendido sobre el banco de ejercicios.
Debido a lo ajustado de las bermudas que estaba usando, vio que no podría separar las piernas tanto como necesitaba y comentó, “Estas bermudas me quedan tan ajustadas que no voy a poder abrirme de piernas lo suficiente”
Mario se apuró a responder “Cierto, estoy viendo, quítatelas, al fin y al cabo, ya me tienes casi desnudo e indefenso a mi, así que no haría gran diferencia que tú también estuvieses igual.”

51. Diego no podía creer lo que estaba escuchando pero se apresuró a empezar a bajar sus bermudas y, mientras lo hacía, pudo ver cómo Mario lo observaba.
En un intento de demorar el momento que le proporcionaba tanta excitación dijo, “Me parece que ahora voy a precisar de tu ayuda porque con la transpiración yo solo no consigo sacarme ésto tan ajustado.” y mientras hablaba se acercó a donde estaba la cabeza de su amigo.

52. Mario se acomodó nuevamente en el banco y estirando sus brazos, uno a cada lado de las caderas de Diego agarró las bermudas y empezó a tironear hacia abajo,  comentando, “Uuuuy, qué tenemos aquí? El problema no es sólo la bermuda ajustada, sino que parece que algo creció por ahí adentro y no deja que te la saques fácilmente...”
 
53. Diciendo ésto, estiró su mano y pasó su mano sobre la entrepierna de Diego donde su notorio miembro se mostraba excitante y provocativo.
Ambos rieron y Diego comentó, “Parece que las imágenes de aquel sótano en la casa de tus padres aún están muy presentes en mi memoria, no?”
“Bien, sería fácilmente comprensible si así fuese. Aunque no se si fue exactamente eso o alguna otra imagen más reciente...” respondió Mario con una amplia sonrisa.

54. Mario terminó de bajarle las bermudas a su amigo mientras este sujetaba su boxer para que no saliese junto, ambos riendo y mirándose fijamente a los ojos.
“Bueno, eso no lo puedo saber con exactitud, pero sea lo que sea, te agradezco que me las pudieras sacar porque casi estaba estrangulándome.” comentó Diego.
“Pues, no lo dudo, con ‘todo esto’ descomunal! Eso me hace un gran amigo, no te parece?” replicó Mario.

55. Una vez que Diego estaba más liviano de ropas, ahora, con más confianza, volvió a intentar subirse sobre las piernas de su amigo y, de esta vez, lo consiguió sin esfuerzo aunque debía tener cuidado de no aproximarse mucho porque su entrepierna mostraba evidente signos de excitación.
Con una sonrisa en los labios, Diego comentó, “Veo que estás mejor de tu espalda, mismo así, quieres que continúe?”

56. “Siiii, claro que si! Estás haciendo que me sienta muy bien”, se apresuró a responder.
Diego continuó con sus masajes, yendo y viniendo por la espalda de su amigo y gradualmente descendiendo hacia su atractivo trasero.
Inicialmente comenzó a masajearlo por sobre la diminuta prenda interior, pero sucesivamente la fue bajando hasta que ambos glúteos quedaron al descubierto.

57. En uno de los movimientos durante el masaje, su cuerpo se acercó tanto al de Mario que éste sintió claramente que el miembro de Diego se apoyaba sobre su trasero por unas fracciones de segundo. Levantó su cabeza, sin saber lo qué hacer o decir, pero, sin comentar nada, la bajó y una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
Diego entendió que lo que había hecho no había molestado ni perturbado a su amigo y se sintió con más confianza para arriesgarse un poco más.

58. En los siguientes movimientos, Diego fue aproximando su entrepierna al trasero de Mario, tratando de que sus masajes llegaran hasta sus hombros, tuvo que extenderse sobre él, indefectiblemente, a casi en contacto total.
Diego pudo sentir claramente su miembro aumentando de tamaño y estaba seguro que Mario también lo sentía y que al no hacer ningún comentario al respecto, estaba disfrutando tanto como él.

59. De repente se escuchó la voz de Mario, muy lentamente, diciendo,”Esto está muy bueno, me estás haciendo sentir muy bien. Será que podrías, también hacerme algunos masajes en el frente?”
Diego se sorprendió y apenas pudo murmurar, “Si, ok. Si así lo quieres, lo haré.”
Sin mayor dilación, se puso de pie dándole espacio para que Mario pudiese girar.

60. Luego de girar, Mario quedó tendido sobre el banco de ejercicios, con sus piernas juntas y brazos a cada lado de su cuerpo. Su slip también estaba muy distendido por efecto de su evidente erección por debajo de tan fino tejido.
Eso hizo que el miembro de Diego creciese un poco más aún.
Mario lo observaba, divertido, mientras miraba el rostro de su compañero, tratando de antemano determinar si Diego accedería a su pedido.
Diego recordó los juegos infantiles entre ambos y más que nunca deseó continuar con lo que estaba haciendo.

61. Se hizo un espacio al costado de donde su amigo estaba recostado donde Diego se sentó.
Mario, entonces, dijo, “No, no, así no! Quiero que continúes haciéndome los masajes fuertes, como en la espalda. Siéntate sobre mis piernas así podrás aplicar mayor fuerza.”
Diego no podía creer lo que estaba escuchando, y por unos pocos instantes dudó y pensó que sería demasiado arriesgado continuar con lo que estaba haciendo ante el peligro de estropear la relación de amistad que tenía con Mario.

62. Ante la demora de su amigo, Mario preguntó, “Vamos, será que no vas a hacer feliz a un amigo, no vas a ayudar a un amigo que está necesitado?” sonriendo con una picara mueca y una mirada enternecedora como sólo él podía mostrar.
Diego no lo dudó más, y montó sobre los muslos de su amigo en el banco de ejercicios.

63. Ambos miembros, muy excitados, a escasos centímetros de distancia, no había duda que que al mínimo movimiento, éstos entrarían en contacto inevitablemente.
Entonces, de repente, Mario preguntó, “Recuerdas en el sótano de la casa de mis padres, cómo nos quitábamos nuestros shorts y nos tocábamos para conocernos mutuamente…. Y cómo me llegaste a meter tu dedo en mi trasero sólo para dejarme saber lo que se sentía?”

64. Diego se petrificó porque parecía que le había estado leyendo los pensamientos. Sin querer había estado hablando en voz alta o algo similar?
Diego miró la entrepierna de Mario y vio que su miembro estaba semierecto y quiso tocarlo, agarrarlo con fuerza. En su lugar dijo “Si, me acuerdo muy bien. Fue muy divertido, y debo admitirlo que me gustó mucho tu olor, hermano. Inclusive, me excitó en aquel momento.”
Mario levantó un poco su cabeza y mirando a Diego le dijo, “En aquel entonces? Estoy seguro que aún te excitaría ahora, no?”

65. Diego se rió y dijo, “Podríamos averiguarlo, no?” y retrocediendo un poco e inclinándose, acercó su rostro a la entrepierna de su amigo y aspiró profundamente.
Podía sentir un agradable y penetrante aroma, mucho más acentuado que en aquella época de su infancia, aunque mucho más excitante que en aquel entonces que hizo que su pene se moviese nuevamente dentro de su ajustado boxer y se mostrase más protuberante al frente de su cuerpo.

66. Mientras Diego se deleitaba con el aroma que desprendía la abultada entrepierna de su amigo, éste recogió sus piernas y las levantó haciendo que la cabeza de Diego quedase presa entre sus muslos.
Diego no desperdició la oportunidad y acarició con todo su rostro la tentadora prominencia que tenía su apreciado amigo, y dejó que su lengua recorriese el grueso miembro que tenía frente a sus ojos, aún cubierto por la delgada tela de la prenda interior.

67. El fino tejido del slip de Mario fue quedando cada vez más translúcido debido a la humedad proveniente de los labios y lengua de Diego quien no paraba de recorrer el cada vez más rígido tronco de su amigo. A continuación, la lengua de Diego fue apoderándose del saco escrotal que le hizo perder toda inhibición devorándolo con extrema ansiedad.

68. Las musculosas piernas de Mario, ya casi estaban en posición vertical y fácilmente Diego comenzó a quitarle su diminuto slip. El miembro de Mario saltó rígido sobre su vientre cuando el elástico de su vestimenta bajó lo suficiente, dándole la libertad que tanto estaba precisando.

69. Casi sin pensarlo, con un rápido movimiento, Diego hizo girar el cuerpo de su amigo sobre el banco de ejercicios y frente a sus ojos aparecieron las atractivas nalgas de Mario, cubiertas por un fino vello, relucientes y firmes.
“Ese agujero está muy amenazador, me parece que habría que taparlo con algo, inmediatamente...”, comentó Diego.
Mario rió y dijo, “Ok, hermano, respeto tu opinión. Ve adelante!” levantando ligeramente su trasero en dirección a su amigo en forma de invitación.

70. Diego se preguntó si había entendido correctamente lo que su amigo quería decir, y decidió arriesgarse, entonces, humedeció su dedo entre sus labios y luego lo acercó al ano de Mario, acariciando el preciado anillo rosado. Mario se sintió estremecido por el suave toque del dedo de su amigo y el resultado fue una corriente interna que se dirigió a su pene, dejándolo mas rígido aún.

71. Al ver la reacción de Mario, Diego se vio encorajado de arriesgarse un poco más e introdujo el dedo humedecido en el tentador ano de su amigo el que se amoldaba perfectamente con estimulante presión que Diego podía sentirla con intensidad y aumentaba a medida que el dedo se deslizaba hacia adentro.
Mario murmuró de placer dándole mayor confianza a Diego para continuar y, entonces, dejó que se deslizase más profundamente hasta que pudo llegar hasta la segunda articulación de su dedo.

72. En un tono suave y un tanto preocupado Diego preguntó, “Cómo estás, hermano? Estás bien?”
“Ohhh, siiii!”, respondió Mario suspirando, levantando un poco más su trasero y empujándolo en dirección del dedo invasor para poder sentirlo mejor.
Lentamente, Diego retiró su dedo del cálido agujero y lo acercó a su nariz, provocando que su miembro se agitase y soltase gruesas gotas de líquido pre-seminal en su provocativo boxer.
 
73. “Cómo huele?” preguntó Mario, girando su cabeza para ver a su amigo que estaba caminando hacia él. Al acercarse a pocos centímetros de su cabeza, Diego colocó su dedo frente a la nariz de Mario dejando que él mismo lo oliese. “Ahhh, soy un muy saludable hijo de perra….”, comentó Mario con una amplia sonrisa.
En esos momentos, el pene de Diego, duro como una roca, se sacudió y Mario pudo ver cómo movía la fina tela de su ropa interior.

74. “Hey, amigo, parece que ese boxer te está incomodando, por qué no te lo quitas?” dijo Mario, agarrándolo por el elástico de la cintura y comenzando a bajárselo. Era lo único que faltaba para que Diego prácticamente se larrancase su única vestimenta en un rápido movimiento y quedase desnudo, parado frente a su amigo, con un firme y tentador miembro a pocos centímetros de su rostro.

75. Sin hacerse esperar, Mario se acomodó e  introdujo el pene de su preciado amigo en la boca.
Diego emitió un sensual y duradero gemido y luego dijo, “Amigo, eso se siente tan bien, taaan bien...” mientras la húmeda boca de Mario succionaba sensualmente el jugoso glande de Diego y continuaba haciendo que el tronco de tan apreciado miembro se fuese deslizando dentro de su boca hasta que su nariz topó contra la pelambre púbica y el tentador glande hubiese tocado su garganta.
Mientras tanto, Diego acariciaba la espalda de su amigo tratando de poder alcanzar hasta su trasero.

76. Cuando lo consiguió, Diego volvió a introducir su húmedo dedo y acariciar el ano de Mario, dejando que gradualmente se deslizase hacia adentro. Mario suspiró suavemente de placer y permitió que Diego moviese su dedo hacia adentro y hacia afuera, repetidas veces hasta que sintió que ya no podría más aguantarse y sintiese que los primeros chorros de semen comenzasen a moverse dentro de su rígido miembro. 

77. Diego comenzó a mover su dedo más agitadamente hasta que sintió que su pene descargaba gruesos y calientes chorros en la boca de su amigo, una y otra vez. Mario agarraba el pene de Diego y dejaba que solamente su glande entrase y saliese de su boca hasta sentir la última descarga sobre su lengua y muy profundo dentro de su garganta.

78. “Amigo, eso fue tremendo”, suspiró Diego mientras se sentaba y su húmedo órgano volvía al estado de reposo descansando sobre su muslo.
Mario giró sobre el banco de ejercicios con su imponente pene apuntando hacia arriba en dirección de su vientre mientras una brillosa y gruesa gota de pre-semen aparecía  sobre la punta mismo de su glande.

79. Entre gemidos y suspiros, Mario sigilosamente estaba solicitando la atención de Diego, y eso fue lo que éste hizo. Su puño se cerró fuertemente alrededor del pene de su amigo y comenzó a masturbarlo. Una nueva gota emergió y empujó la primera deslizándose sobre su miembro.
Diego se agachó y pasó su lengua sobre ambas en dirección al glande de Mario y con su húmeda y descontroladamente apasionada boca envolvió la distendida cabeza del pene de su amigo.

80. Mario miró a su amigo a los ojos y con voz ansiosa le dijo, “Amigo, ya que llegamos hasta este punto, tengo una nueva propuesta que hacerte...”
“Cualquier cosa que me pidas, desde ya te digo que la respuesta es SI.”
“Ok, hace tiempo que deseo hacer ésto y creo que ahora es el momento. Ven, párate!”
Y sin decir más nada, Diego se paró casi que al mismo tiempo que Mario.

81. Mario caminó hacia donde estaba su amigo y acercándose por detrás, lo rodeó con ambos brazos acariciando su pecho y abdomen.
Diego recostó su cabeza sobre el hombro de Mario mientras que ambos cuerpos se estrechaban en un abrazo sensual y excitante.
Las caricias continuaron por unos minutos, Diego, levantando un brazo, comenzó a acariciar la nuca de su amigo mientras que, con el otro, empujaba su espalda provocando que ambos cuerpos se fundiesen en uno solo.

82. El pene de Mario, en rígida erección, se deleitaba entre ambas nalgas del trasero de Diego y con suaves movimientos dejaba que se deslizase entre las mismas en un vaivén continuo hacia arriba y hacia abajo aumentando el deseo de su amigo que crecía al mismo tiempo que el clímax del ambiente´
Mario con una de sus manos en la espalda de Diego inclinó su cuerpo hacia adelante quien encontró apoyo sobre unos de los bancos de ejercicios. Mario acompañó el movimiento de su amigo y sin perder el contacto de ambos cuerpos sin dejar de refregar el pene entre sus nalgas.

83. El excitante momento hizo posible que la erección de Diego volviese en toda su intensidad.
Entre besos y caricias, Mario descubrió que el pene de Diego estaba erecto nuevamente y no dudó ni un segundo en agarrarlo con una de sus manos y comenzar a masturbarlo primero suavemente y luego con toda intensidad.
La excitación de Mario continuaba en aumento y sentía que quería poseer ese cuerpo tan deseado.

84. Casi que sin darse cuenta, el pene de Mario se fue buscando camino entre los glúteos de su amigo y rápidamente encontró el deseado ano abriéndole el espacio necesario para que se deslizase hacia dentro.
Diego se sentía invadido del máximo de los placeres mientras su ano, gradualmente le abría paso al enorme invasor que tanto había ansiado.

85. El glande de Mario consiguió pasar por el primer grupo de músculos que le bloqueaban la entrada al cuerpo de su amigo.
En la medida que su amigo se fue acostumbrando a la penetración, Mario sintió como su pene se deslizaba por el delicioso canal que estaba explorando por primera vez.
El dolor y el placer se entremezclaban al mismo tiempo y, lentamente, el deseo fue ignorando las molestias culminando con el encuentro de la segunda barrera que hábilmente fue transpuesta por la pericia de Mario.

86. Parecía imposible que pudiese suceder pero el miembro de Mario continuaba creciendo en longitud y en diámetro aumentando el placer que Diego estaba sintiendo dentro de su cuerpo.
Después de mucho tiempo de balanceo mutuo, Diego sintió que el miembro de su amigo se endurecía y aumentaba de tamaño y lo escuchó decir, “Hermano, ésto es increíble. Te deseo con toda intensidad y te quiero mucho más aún. Estoy a punto de gozar!”.

87. Mario retiró su miembro de tan placentero hospedaje que su amigo le había brindado y que durante tanto tiempo había deseado. Con una intensa erección aún latente, chorros y chorros de semen fueron escapando de su interior, uno tras otro y cayendo copiosamente sobre la espalda de Diego.

88. Por su parte, Diego sintió que para él también había llegado el momento culmine y su miembro empezó a lanzar largos y gruesos chorros de semen que, transformado en enormes gotas, caían uno tras otro sobre el tapizado del banco ejercicios y en el suelo que lo rodeaba.

89. Un fuerte y sincero abrazo completó el acto que tanto placer les había dejado. Ambos cuerpos se fueron poniendo de pie y disfrutando de los últimos estertores que hacían que los miembros de ambos vaciasen sus más profundos contenidos.
Los gemidos y jadeos, aunque aún agitados, iban disminuyendo su ritmo y reemplazados por suspiros y exhalaciones en tanto que ambos cuerpos se calmaban.

90. Luego de unos pocos minutos donde abundaron las caricias y manifestaciones de cariño, Diego giró sobre sí mismo, deshaciendo el abrazo que le proporcionaban extremo placer y se enfrentó con el rostro de su amigo, que lucía cansado pero pleno de emoción.
Ese primer encuentro de miradas iba a ser crucial en la relación de ambos e interiormente temían que lo que acababan de hacer estropease de alguna forma la amistad que ambos se tenían mutuamente.

91. Casi que al mismo tiempo, enormes sonrisas se dibujaron en ambos rostros y sus labios se aproximaron lentamente hasta que se confundieron en un ardiente beso pasional. Y los ojos de expectativa que ambos tenían al cruzar sus miradas un segundo antes, fueron substituidos por ternura y pasión mientras se cerraban con fuerza como tratando de retener los recuerdos dentro de sus propias mentes.

92. Diego fue el primero en romper el silencio y mirando tiernamente a su amigo en los ojos, dijo, “Qué barbaridad! Eso fue tremendo, hermano!” con una amplia sonrisa en su rostro y los ojos entrecerrados como si aún estuviese sintiendo los últimos reflejos de tan profundo momento pudiendo sentir que su erección estaba volviendo.

93. Terminaron de vestirse alternando miradas sensuales e intercambiando sonrisas cómplices en el intenso calor y brillo del excitante sexo que acababan de compartir y que aún flotaba en el aire.
Diego ni pensó en bajar las escaleras para ir a su casa sino que se dirigió a tomar el atajo por las azoteas.

94. “Bueno, esa fue la tal sesión de ejercicios ... Inolvidable!!!”, exclamó Mario, mientras ambos reían.
Diego estuvo de acuerdo y respondió, “No habíamos hecho nada tan sensual desde que eramos chicos  con Jorge y Rafael en el sótano.”
“Debo admitir que realmente me gustaban esos episodios y que me he masturbado muchas veces recordando esos momentos.”, respondió Mario.

95. Ambos se dieron un apretado y sincero abrazo que duró varios segundos donde se transmitieron todo lo que no podía set traducido sólo con palabras.
“Cómo estás de tu dolor de espaldas?”, preguntó Diego.
“Qué dolor?”, respondió Mario rápidamente.
Los dos se miraron mutuamente y se soltaron a reir con una ternura aún mayor que la que siempre se demostraban.

96. Mientras Diego se alejaba Mario le gritó, “Hey, hermano, qué te parece si la semana que viene nos juntamos nuevamente para otra sesión de ejercicios?”
Diego le respondió, rápidamente, “Eso, eso mismo, hermano! Me anoto para esa!”, mientras pensaba qué más su amigo y él podrían hacer la próxima vez que pudiesen estar juntos.
Ésto va a ser muy interesante.




End Of The Story


SESION DE EJERCICIOS INOLVIDABLE

Escrita por: Eduardo
Ilustrada por: Eduardo


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